domingo, 6 de abril de 2014

Rosal

Ejercicio del Rosal
Siéntate un momento, en buena postura, con los ojos cerrados; pon música relajante; respira lentamente, sintiendo cómo inhalas y exhalas profundamente, con una percepción total de cada movimiento que haces. 

Ahora, imagina una puerta frente a ti, camina tranquilamente a ella y ábrela. Crea en tu mente un jardín, a tu gusto por supuesto, pero tiene que haber algo especial en este jardín, un rosal. Acércate a él... Más cerca... Aún más... Una vez que estás a punto te tocarlo, te conviertes en él... Tú eres ese rosal, por lo tanto, tienes que pensar lo que necesitas; aire, sol, agua, tierra, más o menos plantas, espacio para crecer. Relaciona esto con tu vida... ¿Qué es lo que necesitas para ser feliz y desarrollarte?

Abre los ojos. Espera al rededor de diez minutos. ¿Listo? Ahora dibuja tu jardín, con tu rosal, y todo lo que hayas imaginado ahí.

lo que yo imagine fue:
Era un túnel algo obscuro, con un camino empedrado que se dirigía hasta la puerta de madera vieja, era una forma estilo gótico, la cerradura de este se veía viejo y se necesitaba una llave para entrar.
   Una vez dentro, el jardín tenía un amplio pasto verde, había árboles grandes y pequeños, el follaje de muchos de estos eran como cortinas de hojas. Al rededor había muchas plantas, arbustos de otras flores, había más árboles de frutos, y mucha otra variedad de flores. En el centro, justo frente a una fuente antigua, estaba el rosal, se veía precioso, tenía espinas, a pesar de ser peligrosas, eran hermosas, no veía la necesidad de quitarlas. 
    Mientras me iba acercando al rosal, sentía la necesidad de tocarlo, realmente no me importaba picarme con una espina. Como fue efecto, me espiné, sangraba, pero no sentía dolor; se transformó en algo especial cuando me di cuenta de que aquel hermoso pero peligroso rosal... Era yo.
    Necesitaba sol, pero tampoco tanto, también necesitaba agua, y compañía. Si eran más rosas, sería lindo, pero también me gustaría que estuviese cerca de otro tipo de flora, aunque no fueran necesariamente flores. Pero eso sí, tenía que haber una planta en especial que estuviese ahí, para acompañarme, convivir, querer, sonreír, protegernos mutuamente... Para vivir; a pesar de que yo tuviese espinas y necesitara cuidados; quería a una planta que no me dejara por ser así. 

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